En la Extremadura vaciada, a medio camino entre la
provincia cacereña y Salamanca y la frontera lusa, miles de
serragatinos mantienen viva una lengua romance propia: A Fala.
Una variedad de origen galaico-portugués con influencias
asturleonesas. La lengua incluye una infinidad de hipótesis sobre
su nacimiento. Pero más inquietante que su germen resulta su
futuro.
